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PERIODISMO Y LITERATURA

En el ensayo “Del pedernal al silicio. Historia de los medios de comunicación masiva” (1), Giovanni Giovannini -estudioso de los medios de comunicación y presidente de ANSA- hace una síntesis de cinco o seis milenios de la cultura humana. En un comienzo se utilizó el pedernal –la piedra sílex- para grabar el signo religioso, artístico o informativo. Luego aparecieron la arcilla mesopotámica, el papiro egipcio, la imprenta y los modernos medios de comunicación. En la actualidad se observa un retorno a as fuentes, ya que es también la piedra sílex –el silicio- la que puede almacenar en una computadora miles de datos valiosos para la Humanidad.
La referencia al signo informativo grabado con pedernal nos demuestra que no es acertado asociar al periodismo con los tiempos modernos, los avances de la técnica y las posibilidades que dichos avances brindan a la transmisión de la palabra, pues sus antecedentes se remontan a la antigüedad. La diferencia fundamental entre los diarios de la actualidad y las actas que César hacía copiar para enviar a los funcionarios que se encontraban lejos de la urbe, es la periodicidad, característica que sí corresponde a nuestra época.
Diversos factores facilitaron el crecimiento de este tipo de comunicación; entre ellos –señala Felipe Torroba (2)- se cuentan la invención de la imprenta, los descubrimientos geográficos, las conquistas, las exploraciones, los viajes, la organización de los correos, los progresos de la navegación, los trenes, el telégrafo y el cable submarino. Debe considerarse, por otra parte, la incidencia de la instrucción pública, que aumenta el número de lectores, y de la democracia, que favorece la libertad y difusión de la prensa.
Los primeros periódicos fueron los almanaques, que se publicaban una vez por año; posteriormente aparecieron las gacetas mensuales y las semanales, de las que se pasó a la hoja diaria. En 1622, Thomas Archer publica en Amsterdam el primer periódico regular, que llevaba títulos diferentes en cada uno de sus números; el primer periódico con un título constante fue el Mercurius Britannicus, que comienza a aparecer cuatro años más tarde, editado por el mismo Archer.
Entre las personalidades que tuvieron que ver con la historia de la comunicación escrita, recordamos a Pullitzer, creador de los enormes titulares destinados a informaciones de carácter sensacional, y a Charles Havas, francés de origen húngaro que organizó la primera oficina de noticias, utilizando palomas mensajeras como método de transmisión.

En la Argentina

Félix Laiño, periodista de vasta trayectoria, nos brinda en Secretos del periodismo (3) la experiencia que atesoró en cincuenta años de labor. No se trata del relato de su vida, sino de un pequeño “curso”, en el que explica, clara y didácticamente, los principios básicos de la profesión. El pasado aflorará, pero no a modo de evocación autobiográfica, sino como la forma más propicia para ilustrar los temas que se desarrollan.
El autor recuerda el periodismo de los primeros años de nuestro país, cuando aún resonaban los ecos de la Independencia. Los primeros diarios fueron fundados por Hombres que “alternaron la pluma con la espada en la defensa de sus ideales cívicos”; con el correr del tiempo, la transformación de la sociedad da lugar a otro tipo de publicaciones.
A comienzos del siglo XX surge el periodismo comercial; los diarios que se destacan en esta época son La Prensa y La Nación –afirma Laiño-, “dos colosos orgullo del país”. Luego aparecerán La Razón, Crítica, El Mundo y, más tardíamente, Clarín. Todos ellos eran escritos por redactores sin formación específica; se los preparaba para la labor mediante las sugerencias del director o de algún compañero más experimentado, mientras desempeñaban las tareas asignadas.
En cuanto a la vocación del periodista, el autor señala que puede detectarse la presencia de un síntoma indudable: la necesidad de escribir por el sólo hecho de aliviar la mente de una acumulación de ideas, escribir sin pensar en otro objetivo que no sea verbalizar temas que preocupan. Es cierto que los noveles profesionales pueden experimentar, también, terror ante la página en blanco, pero éste desaparece con la práctica. Convirtiendo a la hoja en el depositario de las inquietudes que suelen ser comunes a redactor y lector.
Encontraremos en la obra información sobre los más variados aspectos de la profesión, desde las jerarquías en un diario, hasta los tipos de letra que deben emplearse en los títulos, sin olvidar útiles consejos acerca de la diagramación de los mismos. Laíño dedica este libro a los jóvenes que se inician en el periodismo, a los profesionales y al lector en general; su ensayo será apreciado –creemos- en diferente forma por quien lo lea. Mientras que los que se inician en la profesión podrán comprender la estructura y la dinámica de un diario, aquellos que ya las conocen se sentirán reflejados en las preocupaciones del autor. Tanto unos como otros encontrarán en las anécdotas relatadas, ejemplos claros y sumamente interesantes, a los que asoma a veces una nota de humor.
Es en suma, una obra que se cimenta en el deseo “de convertir al diario en una empresa de cultura”, en momentos en que los medios audiovisuales y la merma del poder adquisitivo atentan contra ello.

Néstor Tomás Auza (4) ha estudiado el periodismo escrito por mujeres en nuestro país. Partiendo de las primeras figuras del quehacer periodístico llegamos a la tercera década del presente siglo habiendo recorrido un camino largo y difícil. La sociedad no veía bien que una mujer escribiera; el propio Lucio V. Mansilla, hermano de Eduarda, decía que era mucho mejor para una dama conocer a la perfección, “científicamente”, las tareas propias de su sexo, a saber: coser, planchar y cocinar. Si el sostenía este argumento, ¿qué podía esperarse de personas de menor cultura?
Venciendo prejuicios, quitando horas al sueño, y después de haber atendido a la familia, la mujer podía escribir, y así se las arreglaron muchas personalidades extraordinarias para dividir su tiempo y dejarnos un legado interesantísimo, aunque o siempre fácil de ubicar.
Destaca el autor la actitud de ciertos diarios, entre los que se cuentan La Prensa y La Nación, que no se cerraron a los trabajos escritos por mujeres; esta apertura permite al ensayista inferir que no había más publicaciones femenina por la sencilla y exclusiva razón de que las mujeres hacían llegar pocos artículos a las redacciones.

Periodismo y literatura

Cabe mencionar el destacado lugar que el periodismo otorga a la literatura. Le Siecle inició la publicación de folletines, abriendo al camino de lo popular a Alejandro Dumas y Eugenio Sue, pero, independientemente del éxito del folletín, los diarios siempre contaron entre sus colaboradores a las figuras más importantes de las letras de su nación y de todo el mundo, al tiempo que dan espacio a las nuevas generaciones que buscan expresarse.

Joaquín Roy es el autor de ALA Periodismo y Literatura (5), obra en la que evoca la historia de la agencia fundada en 1948 por Joaquín Maurín Juliá, aragonés exiliado en los Estados Unidos. La idea surgió al comprobar que la mayoría de los diarios latinoamericanos y españoles tenían poco contenido de análisis; los artículos de este tenor que podían encontrarse estaban firmados por autores desconocidos. Estos dos factores diferenciaban a la prensa hispanoparlante de la norteamericana, que Maurín se propuso imitar.
Por falta de recursos –continúa Roy-, Maurín Juliá instaló la agencia en su propio departamento, con vistas al Hudson; cerca de allí vivían importantes intelectuales relacionados con la Universidad de Columbia, como Federico de Onís y García Lorca. Desde el inicio de su labor, Maurín se “desdobló” en dos personas: él mismo, Joaquín Maurín, representante del director, y J.M. Juliá, su jefe. De ese modo, daba una apariencia de organización que distaba mucho de ser verdadera. Pero eso no era todo...
Germán Arciniegas, primer colaborador de ALA, no tardó en advertir que la agencia contaba con sólo cinco columnistas: “un español, un gringo, un latino, un desconocido y yo”. Estos periodistas no eran otros que Maurín con seudónimo; a cada uno de estos personajes corresponden las firmas Maurín, Anderson, Mayo y Roy, respectivamente. Arciniegas fue, sin saberlo, cofundador de la empresa, ya que no se contaba con ninguna otra colaboración.
El aragonés deseaba un estilo definido para las publicaciones, testimonio de ello encontramos en la correspondencia que mantuvo con Juan Antonio Cabezas, periodista que comenzó a colaborar en ALA en 1954. En una carta fechada en julio de 1955, Maurín escribe a Cabezas estas líneas: “Es nuestro interés que usted siga colaborando con nosotros, y por eso, haciéndonos eco de nuestra experiencia, le invitamos a americanizar tanto como sea posible sus correspondencias, que a nosotros, personalmente, nos parecen admirables, pero que tienen que ser sometidas a la dura prueba de un público hecho a una manera especial de considerar el periodismo”.
Maurín buscaba que en cada artículo confluyeran tres características que consideraba básicas: “actualidad”, “basarse en hechos” y “dar la impresión al lector de estar ‘viajando’ a los lugares tratados por el autor”. Junto a este interés por el presente, por la vigencia del hecho, encontramos también la mirada hacia el pasado; en otra carta a su colaborador le aconseja lo siguiente: “De tanto en tanto, hay que buscar un pretexto –no falta nunca- para hacer revivir a las personas venerables del pasado: Galdós, Blasco Ibáñez, Palacio Valdés, Valle Inclán, etc”. En cuanto a los temas a tratar, Maurín rechazaba todos aquellos que parecieran parciales hacia un personaje o hacia una obra. Apreciaba, en cambio, notas sobre cuanto ocurriera en España de interés para el mundo y, especialmente, para Hispanoamérica.
Los colaboradores deseaban escribir para ALA, ya que esta participación les permitía ser más conocidos en el mundo hispánico y redondear sus ingresos. Entre los colaboradores más importantes de esta primera época de la agencia –que abarca hasta 1973, año en que muere su fundador-, encontramos a los españoles Ramón Gómez de la Serna, Salvador de Madariaga y Alejandro Casona y a los latinoamericanos Miguel Angel Asturias, Alfonso Reyes y Pablo Neruda.
Cuando Roy escribió su libro, la nómina de colaboradores incluía a personalidades de la talla de Julián Marías, Dardo Cúneo y Juan Goytisolo. Muchos de ellos no necesitaban la retribución pecuniaria, pero colaboraban con Maurín como una forma de contribuir a la ingente labor que llevaban a cabo. ALA funcionaba en ese entonces en Miami, luego de haber estado establecida en Puerto Rico, y su aporte a la comunicación de nuestro continente seguía siendo relevante; proveía de servicios a más de ciento cincuenta diarios y publicaciones periódicas de América y España.
Relacionado con el de la historia de la agencia, surge otro tema, que Joaquín Roy encara con el mismo interés: el de la literatura y su relación con el periodismo. Afirma Roy que consideramos “ensayo” a todos aquellos trabajos que, editados bajo la forma de volúmenes, podemos encontrar en las bibliotecas de las universidades. Será periodístico, en cambio, todo aquel material que, incluido en medios de comunicación masivos, consultaremos en hemerotecas. Esta distinción, arbitraria, pierde sentido cuando advertimos que ciertas páginas sufren una “transfiguración”; cotidianamente llegan a nuestras manos artículos publicados primitivamente en diarios y periódicos y que se reúnen, tiempo después, en libros.
Esta circunstancia hace que Roy se cuestione las relaciones entre literatura y periodismo. No se trata, obviamente, del periodismo informativo, pero sí del de “interpretación” o “explicación”, del que ALA fue precursora. Para abordar el tema, parte de la distinción aristotélica entre la función “patética” del lenguaje, que transparenta los sentimientos, las vivencias y las emociones, y la “noética”, que representa y comunica. Ambas se encuentran presentes en el periodismo que impulsó Maurín.
El ensayo –presentado en parte como cursillo a los alumnos de la Escuela de Periodismo y de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata, en 1984- tiene –a criterio del autor- una doble función. En primer lugar, informa sobre el legado que la Agencia ALA hizo a la Universidad de Miami (todos sus archivos) y, en segunda instancia, aborda el tema de la literatura en relación con el periodismo. A criterio de Miguel Angel Diez, director de la organización en el momento en que se escribe el libro, la obra es un homenaje a la memoria de Maurín, al cumplirse un nuevo aniversario de la fundación de ALA, y honra también a los colaboradores, que tanto contribuyeron a la difusión de la cultura.

Alonso Zamora Vicente nació en Madrid en 1916. Fue lingüista, crítico y narrador, accedió a los claustros de diversas universidades españolas y americanas y miembro de la Real Academia Española. En 1969 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Miguel de Unamuno por su estudio “La realidad esperpéntica”, análisis de una obra de Ramón del Valle-Inclán; once años después, su narrativa fue galardonada con un premio de la misma magnitud, otorgado a su novela Mesa, sobremesa (6).
Su erudición no fue obstáculo para que desempeñara con asiduidad y maestría la tarea de ensayista en un diario porteño, desde tierra americana o desde su amada España. En 1948, Zamora Vicente fue nombrado director del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, cargo que desempeñó hasta 1953, año en que regresó a Europa. Por esa época se dedicó con entusiasmo a los estudios filológicos que tanto había impulsado en nuestro país Amado Alonso; paralelamente, se nutría de la relación con importantes literatos de nuestra tierra, como Mallea, Borges y Julio Cortázar.
Escuchemos, contado por él, cómo se produjo su acercamiento al periodismo: “¿Cómo empecé a escribir? Creo que, aparte de esos ensayitos deliciosamente inocentes de la adolescencia (a mí no me da reparo alguno hablar con lugares comunes), empecé realmente, en realidad de verdad, el día que, siendo profesor extraordinario en la Universidad de Buenos Aires, recibí una amable invitación de Eduardo Mallea para colaborar en el suplemento literario de “La Nación” (Mallea era entonces el director de esa sección). Es un suplemento, todos ustedes o saben, que se publica los domingos. Creo que esto ha condicionado mi trabajo posterior: estoy ya condenado a ser un escritor –o un crítico, me da o mismo- de domingo”.
Esta “condena” fue vivida con singular alegría por el académico, que se prodigó en artículos variados y emotivos. Sus trabajos fueron publicados muchos después, con el título de Suplemento Literario; rendía así homenaje a las páginas que los habían visto nacer y reivindicaba, quizás sin proponérselo, un género tantas veces denostado (7).

.....

Al alcance de un público mucho más vasto que el que accede a los libros, el periodismo difunde la literatura de los autores consagrados de distintas épocas, al tiempo que permite a quienes son menos conocidos dar a conocer obras que, quizás, hagan historia.

Notas
1. Giovannini, Giovanni et al: Del pedernal al silicio Historia de los medios de comunicación masiva. Buenos Aires, Eudeba, 1987.
2. Torroba Bernaldo de Quirós, Felipe: La información y el periodismo. Buenos Aires, Eudeba, 1969.
3. Laíño, Félix H.: Secretos del periodismo. Buenos Aires, Plus Ultra, 1987.
4. Auza, Néstor Tomás: Periodismo y feminismo en la Argentina (1830-1930). Buenos Aires, Emecé, 1988.
5. Varios autores: Enciclopedia Clarín. Buenos Aires, Visor, 1999.
6. Zamora Vicente, Alonso: Suplemento literario. Madrid, Espasa-Calpe, 1988.
7. Roy, Joaquín: ALA Periodismo y literatura. Madrid, Hijos de E. Minuesa S.L., 1986.

 

 

ETICA PERIODÍSTICA

“La retórica del periodismo” se titula el discurso leído por Francisco Ayala el 25 de noviembre de 1984, en el acto de recepción como miembro de la Real Academia Española. En este ensayo, analiza el lenguaje como portador de un tipo de mensaje, dirigido a influir en el receptor. El periodismo –señala- no sólo vende ideas, sino que al hacerlo se transforma en un órgano de opinión pública y, por tanto, en un instrumento de acción política. Desde este punto de vista, vincula la retórica periodística con un antecedente remoto, la retórica oratoria, “cuyos recursos se precisaron y afinaron en la controversia forense con vistas a desacreditar las razones del adversario, impresionando al auditorio y captándolo a favor de las propias” (1).

En septiembre de 1988 se llevó a cabo en el Plaza Hotel de Buenos Aires el Tercer Encuentro de Periodistas Latinoamericanos (2). Durante las jornadas se escucharon treinta y cinco disertaciones que giraron en torno del tema de la mejora de la información y el papel del periodismo en el mundo del presente y del futuro; asistieron a este encuentro treinta extranjeros de quince países y se acreditaron periodistas de ciento veinte medios escritos y audiovisuales nacionales y del exterior. El evento fue organizado por un comité de ex becarios de PGLA (Programa de Graduados Latinoamericanos de la Universidad de Navarra), quienes recibieron el aporte de fundaciones, diarios y empresas.
Entre las cuestiones analizadas destacamos el periodismo de investigación, la excelencia en los medios escritos y audiovisuales, comentarios acerca del periodismo estratégico, la dirección de profesionales, el futuro de la información en América Latina y la auditoría ética de las empresas informativas. Partiendo de la convicción de que los medios funcionan como la conciencia activa de la sociedad y como un espejo en el que los hombres pueden verse reflejados, se exhorta a los periodistas a intentar un mejoramiento de la comunicación, alejándola de las presiones que pueden deformarla; la información –afirma Pablo Sirvén- es un instrumento del progreso, la solidaridad social y la verdad, que involucra tanto los cerebros como los corazones. A la convergencia de ética y tecnología apuntaron las ponencias dirigidas a los profesionales de la especialidad. Ellos fueron los protagonistas del encuentro y también los hacedores del cambio que se propuso en las reuniones, porque –citamos a Claude Jean Bertrand- “La supervivencia de la humanidad depende del crecimiento de la consolidación de la democracia y la consolidación de la democracia depende de la libertad de prensa”.

María Teresa Herrán y Javier Darío Restrepo, destacados periodistas colombianos, se propusieron en su obra Etica para periodistas (3) “seguir el camino esencialmente práctico del ejercicio profesional y de los dilemas éticos que plantea”. Se ocupan de la definición de ética y su relación con la moral y señalan que, en el caso del periodismo, ética y técnica son inseparables, ya que si una información no es ética, tampoco tendrá calidad técnica. Esto no sucede, por ejemplo, con un médico, que puede deslindar –a criterio de los ensayistas- absolutamente ambos aspectos de su profesión.
Analizan numerosos códigos nacionales e internacionales, con la intención de extraer de ellos los valores comunes a todos, para poder formar una idea del periodista que se desea lograr en todo el mundo. Es decir que se busca conocer los rasgos que caracterizan la ética del periodista en cualquier lugar del orbe. De la confrontación realizada se deduce que son los siguientes: la veracidad, el secreto profesional, el rechazo de ventajas personales, la ética relacionada con la libertad de información, el rechazo del plagio, la independencia, la solidaridad gremial, el respeto de la fama e intimidad ajenas, la responsabilidad, la información comprobada y completa, el servicio a la comunidad y la obligación de rectificar y derecho a réplica.

Notas
1. Ayala, Francisco: La retórica del periodismo y otras retóricas. Madrid, Espasa-Calpe, 1988.
2. Varios autores: La excelencia informativa. PGLA. Buenos Aires, Atlántida, 1989.
3. Herrán, María Teresa y Restrepo, Javier Darío: Etica para periodistas. Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1992.

 

TEXTOS COSTEÑOS Volumen I, por Gabriel García Márquez. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1987. 315 páginas.

Jacques Gilard relata, en el prólogo a su recopilación de articulos periodísticos del autor colombiano, la azarosa circunstancia que motivó el acceso de García Marquez a los diarios de su país. En el año 1948, cursaba segundo año de Derecho en la Universidad Nacional; sólo había publicado tres cuentos en el suplemento literario de "El Espectador", de Bogota. Caminando por Cartagena, se encuentra por casualidad con el escritor Manuel Zapata Olivella, quien lo lleva a la sede de "El Universal", diario local recién fundado en el que tenía amigos. Esta entrevista se sitúa -afirma Gilard- hacia el 18 o 19 de mayo de ese año; se inicia así una carrera que nos brindará otra perspectiva del autor de "Cien Años de Soledad", una faceta que lo mostrará en contacto con la realidad de su tiempo, ya sea en temas preocupantes como así tambien en aquellos mas triviales.
Este primer volumen reúne los trabajos publicados en el diario de Cartagena entre los meses de mayo de 1948 y octubre de 1949 y las colaboraciones aparecidas en "El Heraldo" de Barranquilla desde enero de 1950 hasta agosto del mismo año. A criterio del compilador, puede observarse en los textos garciamarquinos una notable evolución, ya que los artículos escritos en la primera de las ciudades son visiblemente inferiores a los publicados en Barranquilla. Con todo, la transformación del estilo no puede constatarse con certeza, ya que muchas de las páginas aparecen sin firma.
Diversos son los temas acerca de los que escribe el irónico periodista; en todos ellos percibimos una sorna que no impide a la crítica ser punzante y acertada. Garcia Marquez se ocupa de temas cotidianos que, en su diestra pluma, se vuelven inigualablemente bellos; entre ellos encontramos la evocación de dos días de la semana. El jueves es un día intrascendente: "Una torrija del tiempo, sin sabor ni color, sin otra justificación que la de obligarnos a gastar un pedazo de vida que podríamos utilizar en cosas mas utiles"; el domingo, en cambio, se caracteriza por su tristeza y aburrimiento:
"El domingo, ya en las horas de la tarde, el caballero mas refinado empieza a perder su barniz de civilización, se vuelve analfabeto, insociable y casi completamente antropófago, porque son las seis horas de la catástrofe semanal destinadas a conmemorar los dias bárbaros de la edad de piedra". Singular y no muy optimista es esta visión del descanso dominical, por el que el escritor no parece sentir gran afición.
Los personajes de la vida costeña son retratados con frases concisas y sugerentes; así, vemos a la negra engreída, por cuya sangre parecen correr los ríos de un ritmo ancestral, que la estremece al escuchar música. Junto a ella, aparece la silenciosa figura del nativo con el que, inesperadamente, entabla conversación. Garcia Marquez cavila, al verlos, acerca de sus culturas, de sus historias personales, que son tambien las historias de los países americanos; la negra, con su donaire, y el indio, con su sabiduría natural, reflejan dos vertientes de una nación evangelizada por los blancos.
Otros asuntos, relacionados con la existencia humana, son evocados por el periodista en sus textos del año 1948; nos referimos al amor y la muerte, situaciones que le motivan hondas reflexiones en cuanto atañen a todos y cada uno de los hombres. "Y pensar que todo esto -afirma- estará alguna vez habitado por la muerte. Que esta cálida madurez de tu piel, que sube por mi tacto hasta el abismo de mi desasosiego, tiene que desgajarse un dia sobre su propio silencio desolado"; el nivel de lengua, profundamente poetico, nos habla de la calidad de los trabajos periodísticos garcíamarquinos. La columna que escribía daba para temas tristes, superficiales o existenciales, según el ánimo del joven periodista.
El arte es otro de los asuntos que aparece con mayor frecuencia, especialmente el cine. En uno de los artículos, nos habla de la ilusión artística, entendiendo por ella la debil frontera que separa el hecho estetico de la realidad; cuando la convención desaparece, asistimos a situaciones como la protagonizada por Bonifacio Nieves, un uruguayo que "al ver frustradas sus esperanzas de cineasta legítimo, se precipitó contra la pantalla y descargó sobre el protagonista cursi toda la carga de su pistola automática".
La literatura surge en estas paginas costeñas, en las figuras de William Faulkner, Rimbaud y Verlaine, Edgar Alan Poe y Huxley, a quienes dedica breves pero interesantes comentarios, como así tambien a numerosos artistas americanos entre los que recordamos a Rómulo Gallegos.
A propósito de este último, encontramos un articulo en el que Garcia Marquez opina acerca de los Premios Nobel, poniendo el acento en ciertas predilecciones que no le parecen del todo válidas; a modo de ejemplo, recuerda que cuando Pearl S. Buck -la autora de “La buena tierra"- recibió el galardón, aún vivía James Joyce, quien fue absolutamente ignorado. Es el juicio de un joven escritor, quien recibiría el premio décadas despues. "Si la institución del Premio Nobel fuera mas antigua -anota-, posiblemente nos sorprenderíamos ahora de que no le hubiese sido otorgado a Cervantes, a Rabelais o a Racine".
Lino Palacio, Ingrid Bergman, Tarzán, numerosos personajes de la vida americana en todos sus órdenes, desfilan por estas páginas asombrosamente bien escritas por un joven de pocos años y ninguna experiencia; indudablemente, en él alentaba ya la fuerza del talento, que lo llevaría, tiempo después, a ser una de las plumas mas ricas y originales de nuestro continente.

(LA NUEVA PROVINCIA, Bashía Blanca, 15 de octubre de 1987)
(La portada es la de una edición posterior)

 

ENTRE CACHACOS Volumen I, por Gabriel Garcia Marquez. Editorial Sudamericana. Buenos Aires, 1988. 416 paginas.

Los lectores conocen la actividad periodística de Garcia Marquez; la Editorial Sudamericana publicó, en cuidada edicion de Jacques Gilard, los textos escritos por el colombiano en dos diarios de su pais. Por ese entonces, tenia poco mas de veinte años, alrededor de 1950. El volumen que nos ocupa, reúne las colaboraciones que el periodista publicó en "El Espectador" de Bogota, en el lapso comprendido entre los meses de febrero de 1954 y febrero de 1955; a él le seguirán nuevos aportes, en el libro que aparecera próximamente.
A diferencia de lo que leimos en los "Textos Costeños I y II", en los que trataba temas cotidianos, de orden nacional, los articulos reunidos en "Entre cachacos" se ocupan, fundamentalmente, de
cine. A traves de ellos conoceremos las opiniones del joven Garcia Marquez sobre un arte que le interesó y le sigue interesando; pero -afirma el prologuista- no tenia muy buen ojo para la crítica: "Los defectos de la crítica cinematográfica de Garcia Marquez se explican en buena parte por las limitaciones objetivas con que tenía que enfrentarse. La primera de todas era que él prácticamente inauguró el genero".
Su condici6n de precursor es motivo suficiente para que queramos leer sus trabajos, en los que campea la misma vocación de artista que evidenciaba en los textos de los dos libros anteriores. Por otra parte, encontraremos tambien noticias sobre la realidad de su tierra, como el trágico alud que causó varios muertos, relatadas con el inconfundible talento de un gran escritor.

(EL TIEMPO, Azul, 13 de marzo de 1988)

 

MARTIN GARCIA MEROU, PERIODISTA

En el año 1891 aparece Recuerdos literarios, de Martin Garcia Merou. Julia Elena Sagaseta, prologuista de la edición de Eudeba (1973) dice que el titulo "es exacto". Son recuerdos que van aflorando espontánearnente, como el mismo autor indica en el juicio del Ultimo capitulo, uniéndose por personales asociaciones. Se entronca así, con la literatura de tinte autobiografico, tan cara a los escritores fragmentarios y esta dirigida a un publico minoritario y culto".
En el ultimo capitulo que menciona la prologuista, el escritor sostiene que el suyo no es "ni un libro de estudios críticos ni la historia de una epoca literaria" y alude a él como a "estas notas ligeras que he escrito con cariño y sinceridad". Critico al fin, evalúa su obra: "Releo estos apuntes, trazados a la carrera, y encuentro deficiencias, olvidos, falta de plan y metodo escrito", y defiende la espontaneidad de los textos: ''Prefiero que ellos queden tal cual han ido acudiendo a mi memoria, sin afeite y sin aderezo".
En los recuerdos se asiste a la formacion del escritor, desde sus primeros pasos, bajo la mirada aprobadora de Cane, Estrada y Pedro Goyena; la participación en un certamen que le sirvió como estimulo, el periodismo, y la reunión en grupos con diferentes características y objetivos, como la Academia Argentina y el Círculo Cientifico Literario. García Merou evoca agradecido a quienes lo orientaron en el camino de la creación, a quienes posibilitaron que su vocación diera frutos.
El escritor considera que "es obra de patriotismo y de moral propender al desarrollo del espiritu literario entre nosotros" y observa que dedicarse a la literatura en nuestro pais es "casi ridiculo, a fuerza de ser extraño". Advierte asimismo que la falta de publico que los escuche o comprenda hace callar a Guido, a Coronado y a Obligado y que "Es contado el numero de lectores inteligentes y concienzudos que conocen a fondo las obras de Mitre, Sarmiento y López, estas a1tas personalidades intelectuales que honran a nuestra patria, honrandonos a nosotros mismos",
"La pasión de las Letras, por eso, se convierte entre nosotros en la mas ingrata de las aficiones" –agrega- y está convencido de que "El que se abandona a ella debe acostumbrarse desde temprano a no encontrar ni buscar otros placeres que los que nacen de la satisfacción intima del trabajo intelectual", En un entorno como el que describe, cobran relevancia los ambitos en los que el novel escritor puede encontrar guia, apoyo e incentivo. Uno de ellos es el periodismo y de el habla con nostalgia.

Diarios, semanarios

García Merou recuerda que, sin tener todavia quince años, entró a la literatura por la puerta de la trastienda, como corrector de La Nación, y sintió que esa labor fortalecía en el la tendencia latente que lo impulsaba a la literatura, Era de esperar, ya que se encontraba en compañía de Adolfo Mitre y de Benigno B. Lugones, entre otros, bajo la dirección del general Mitre, cuya "presencia latente o visible, de luchador de treinta años, de escritor infatigable, de erudito sin miedo y sin reproche, hacía de aquella casa un centro genuinamente intelectual”.
Adolfo Mitre hizo publicar por primera vez unas estrofas de Garcia Merou; evocando ese momento, el critico dice: "Las emociones de la primera publicacion no me dejaron dormir tranquilo la vispera de la aparición del diario. Por la mañana temprano tenia ya en mi poder un regular numero de ejemplares, y estaba extasiado de ver mis pobres versos de estudiante en letras de molde y precedidos de una palabra de estimulo", Con Adolfo Mitre hacía "gimnasia de periodistas", escribiendo articulos literarios en un cuarto de hora; "Los que hoy leyeran esos articulos -se ufana-, se sorprenderian de su brillo y variedad".
Gervasio Mendez, director del semanario El Album del Hogar, tuvo que ver con el nacimiento de "Juan Santos", aquel que propinaría palmetazos a los viejos y jóvenes literatos, alborotando "el cotarro de aquel Parnaso juvenil". Garcia Merou reconoce que en los articulos que llevaban esa firma realizaba una critica "infantil, mediocre y pasaba frecuentemente del objeto (...) propuesto al emprenderlo", aunque atribuye a su juventud, hasta cierto punto, estas deficiencias, y destaca que, aún con sus limitaciones, lo "guiaba un móvil elevado; todas mis observaciones nacían de un ciego amor por el arte literario y no de un mezquino sentimiento de emulacion, que jamás tuvo cabida en mi alma".
En un estudio sobre la generación del 80, Adolfo Prieto señala que Pedro Goyena, Santiago Estrada, Martin Garcia Merou, Calixto Oyuela y Paul Groussac son los representantes mas destacados de la literatura "y los que merecieron la mayor atencion de sus contemporaneos. Los tres primeros no superaron, a la, verdad, los riesgos del impresionismo -agrega-, esa determinacion que consiste en apoyar un juicio de valor en el dictamen subjetivo del gusto, en el manejo de algunas ideas generales y en la selección espontánea, nunca sistematica, de obras y de autores".
Con la aparicion de Juan Santos aumentó la venta del semanario, pero -dice Garcia Merou- "tantas refriegas ardorosas, tantas discusiones, llevadas con juvenil entusiasmo, habian destemplado mi energia y no pocas veces amargado mis momentos de reflexion tranquila". Asi fue como, de acuerdo con Mendez, se dejaron de publicar estas notas criticas, y Juan Santos se llamó a silencio por un tiempo, hasta que comenzó a redactar los folletines de La Nación.
Invitado por Santiago Estrada, el autor de los recuerdos trabaja en el diario La Patagonia, donde conoce a Jose S. Arevalo. Años despues, escribe sobre aquellos periodistas: “La vida ha separado a muchos de los que entonces marchaban juntos. Debilidades y pasiones estrechas, exclusivismos de sectas o de opiniones, han apartado manos que debieron permanecer para siempre unidas". Cuando este diario dejó de aparecer, Garcia Merou paso a dirigir Las Novedades, diario ilustrado de breve vida, que le proporciono una gratificacion: "No me dejó mas provecho ni mas satisfaccion que la de ver mi nombre a su frente, lo que como se sabe constituye la gloria y la ambicion mas acariciada de todo pichon de literato cuando empieza a ensayar las alas para volar".
En su libro da cuenta tambien de su paso por la Revista Literaria, que, al igual que la Revista de Buenos Aires y la Nueva Revista de Buenos Aires, la Revista del Rio de la Plata, la Revista Argentina, y la Ilustración Argentina, desapareció "a despecho de todos los elementos valiosos del Circulo Cientifico Literario que pugnaban por sostener” dicha publicacion. El recuerdo de las revistas da origen a otra reflexión pesimista; el autor se pregunta: "¿Para qué seguir haciendo la nomina de esta larga serie de cadaveres, que convierte a nuestra historia intelectual en una Morgue de publicaciones literarias?.. ".

Las paginas de Garcia Merou que nos ocupan demuestran que el periodismo fue mucho mas, para él, que la posibilidad de difundir una obra, de ensalzarla o denostarla; fue el medio para fortalecer una vocación, para pulir un estilo. Por esa razon, lo recuerda en su libro como uno de los factores que contribuyeron a hacer de él un escritor.

 

EI folletín: de Los tres mosqueteros a Juan Moreira

Siglos de evolución hicieron que la prestigiosa epopeya se transformara en novela, coincidiendo con el cambio en las costumbres que se verificó aI comenzar la era moderna. Ya en eI siglo XIX, una nueva transformación, de importantes consecuencias, se observa en el genero narrativo: los relatos publicados en forma de volúmenes pasan a editarse en capítulos incluidos en importantes diarios.
Aunque la "novela por entregas" es característica de todo el siglo XIX, su edad de oro puede ubicarse -según la critica- entre los años 1836 y 1868. Diversas causas confluyeron para que surgiera este nuevo tipo de creación. En primer lugar, el avance de la tecnica permite a los periódicos realizar grandes tiradas; el periodismo se constituye asi en una profesión que procura la subsistencia a quien la ejerza. La Iiteratura es vista como una actividad lucrativa y la tarea de escribir se pone al servicio de los intereses del publico lector, señalan Ema Wolf y Guillermo Saccomano, en El folletín.
Paralelamente, el destinatario de la obra ya no será un publico restringido, de clase alta, sino que los capítulos lIegarán a las manos de todos, a los hogares mas modestos. No obstante -afirma Jorge B. Rivera- seguirán existiendo diferentes periódicos, con lectores de diferente nivel sociocultural; un nuevo fenómeno los auna: el gusto por estos relatos, surgidos ante "el crecimiento, la diversificación y en cierta medida la democratización" de los destinatarios.

Intriga, sensacionalismo y diversidad

AI ser publicados a lo largo de varios meses, con un intervalo regular, los folletines necesitan revestir una forma peculiar, original, que los vuelva ideales para una lectura espaciada. En primer lugar, obviamente, deben despertar el interes del publico; para ello, se vale del "continuará", que siembra la intriga. Cada capitulo finaliza exactamente cuando la acción llega a su momento culminante; el desenlace será conocido recien en la próxima entrega. Como consecuencia de la extensión que debía alcanzar el relato, surge tambien la necesidad de presentar muchos personajes y hacerles vivir aventuras tan emocionantes como las del protagonista; así, la acción puede retomarse donde aI escritor le resulte mas cómodo, y le ofrece la posibilidad de ampliar la trama cuanto considere conveniente.
En cuanto a las criaturas de ficción. Ema Wolf y, Guillermo Saccomano observan en ellos una idealización maniqueista; se encuentran alineados en dos bandos netamente diferenciados: los virtuosos y los abyectos. Con este concepto sobre los seres de ficción, podra complicarse la trama. pero no dejarán de ser lo que ya eran en un principio: los valientes o los cobardes, los nobles o los viles. Esta diferenciación pasó aI radioteatro y puede observarse, hoy día, en las telenovelas y en relatos de poca pretensión artística.
EI crítico Arnold Hauser afirma que los folletines se caracterizan tambien por su preferencia "por lo exagerado y lo picante, lo crudo y lo exótico: los temas populares giran entorno a raptos y adulterios. actos de violencia y crueldad". Rasgos todos que se proponen concitar la atención del lector hacia un relato sin demasiadas complicaciones formales, pero pleno de interes por su dinamismo.

El folletín en Europa

En Francia, su pais de origen, la novela por entregas gozó de una larga e intensa vida. Dos periódicos contrataron a los folletinistas mas importantes de la nación: La Presse publicó las novelas de Eugene Sue y ·Le Siecle, las de Alejandro Dumas, destacan los autores de El folletín.
Marie-Joseph Sue, mas conocido como Eugene. nació en Paris en 1804. En 1831 publica su primera novela, Atar-Gull, de ambiente marinero; le suceden La Salamandra (1832) y Mathilde (1841), entre otras. Pero fue la novela por entregas la que engrosó su fortuna ya considerable; Los misterios de Paris, publicada durante 1842, y EI judío errante, que apareció entre los años 1844 y 1845, lo enriquecieron y cimentaron su fama como autor de folletines.
El otro escritor consagrado, Alejandro Dumas, nació en Villers-Cotterets en el año 1802. EI autor de Los Tres Mosqueteros y EI Conde de Montecristo fue el folletinista mejor pagado. No trabajó solo; estudios estadísticos han demostrado que contaba con cerca de setenta y tres empleados que firmaban con su nombre las obras que debía entregar, dia a dia.
Las letras inglesas tambien tuvieron un famoso cultor del folletin: Charles Dickens. La novela por entregas fue la forma elegida por el escritor nacido en 1802 para presentar un ambiente lúgubre en el que la niñez sufre maltratos y necesidades. A partir de las Memorias del Club Pickwick, publica todas sus obras por entregas, ya que "este estilo se adaptaba a su manera de escribir: sin rigurosa estructura narrativa, con escenas dramaticas fácilmente recordables y llena de digresiones desordenadas".

Manifestaciones argentinas del género

El folletín, que tuvo su apogeo a mediados del siglo XIX, llegó a nuestro continente, donde cautivó a miles de lectores ansiosos de vivir aventuras. AI respecto. debemos recordar la aclaración que hacen Wolf y Saccomano: aunque aparecieron en diarios y semanarios, y presentaban las características de sus antecedentes europeos, no eran aún una literatura de masas ni de escritores que pensaran en vivir de sus ingresos como periodistas.
Entre los primeros, mencionan EI Capitan de Patricios, de Juan Maria Gutierrez; Soledad, de Bartolome Mitre, y Juan Moreira, del principal folletinista argentino, Eduardo Gutierrez.

 

LA RED LINARI Ayer, hoy y mañana, por Nestor Oscar Linari. Buenos Aires, Red Linari, 1999.

El volumen que nos ocupa esta destinado a difundir y homenajear la personalidad de Jorge Oscar Linari, quien -asociado con su hermano Pedro Carlos y Onofre Luis Noe Marino- fundó en 1932 la Empresa Periodistica Jorge Oscar Linari y Cia. S.R.L., representante de numerosos diarios del interior, entre ellos, este matutino.
Acerca del propósito que lleva a la concreción de esta obra, escribe su hijo, Nestor: «En mas de una oportunidad, al ser convocado para ofrecer conferencias ante alumnos de Periodismo o de Publicidad, al disertar en instituciones educativas, en conversaciones entre colegas o, simplemente, con amigos, siempre me preguntaron sobre las caracteristicas de nuestra empresa y las bases que cimentaron los 76 años de trabajo constante de la Red Linari de Comunicaciones. Fueron estos interrogantes los que motivaron la concrecion de este libro. Y, sobre todo, la acción inconmensurable de mi padre, piedra fundamental de la organización. En estas paginas quedan reflejados los momentos mas importantes en la vida profesional de don Jorge Linari, sus realizaciones, sus ideales y la impronta indeleble que dejó en nuestra empresa; que comenzó en 1923 recorriendo el pais para tomar contacto con los directores de diarios y periódicos que por entonces se convirtieron, mas que en clientes, en verdaderos amigos".
En la década del 30, don Jorge Linari editaba un suplemento semanal, que "llegó a intercalarse en sesenta y cinco publicaciones del interior argentino. Y el pozo abierto por quien lo ofreciese siguió donando sus aguas casi setenta años después; 'Esto no es una originalidad ni una creación mia, porque mi padre ya la practicó hacia 1923, dirá hacia 1989 Nestor Oscar Linari al ir con la propuesta de un suplemento semanal a los diarios regionales y provinciales' ". El hijo se refería al Magazin Semanal que edita actualmente.
El nieto, Adrian Linari, escritor laureado, colabora tambien en este homenaje: «Recordar viene del término recordis -escribe-; volver a pasar por el corazon. Es tanto lo que sobre él tengo para pasar por el corazon, que a la hora de escribir no me pude desprender de lo afectivo».
Renombradas personalidades del periodismo argentino se unen a este esfuerzo de Nestor Linari. Ellos recuerdan al amigo y al periodista que enalteció la etica y la independencia de su labor.
Lauro F. Laiño, afirma: “Jorge Linari recorrió el país. Tendió lazos entre el interior y la Capital. Supo de los despachos alfombrados y tambien de la modestia de muchas hojas provincianas que se imprimian con un esfuerzo a veces erratico pero siempre empecinado. Don Jorge luchaba con plena conciencia por la afirmación de la libertad. Ese era su estandarte».
Manuel Láinez, de la editorial homonima, recuerda un episodio vivido en la decada del 50, relacionado con el control de la cuota de papel que debia entregarse a cada diario. En esa oportunidad, se evidencia una vez mas el coraje y la probidad de este hombre.
Relacionadas con este episodio surgen las palabras del doctor Luis F. Etchevehere, director de El Diario de Entre Rios y ex presidente de ADEPA: «Fascinado tal vez por un ejemplo de sacrificio y vocacion que -cuentan los memoriosos- encontró en sus años mozos en nuestra entrerriana Rosario del Tala, y que pasó a formar parte de su rico anecdotario, vivio atrapado por las vivencias del periodismo del interior, por ese quehacer de tierra adentro que marcaba rumbos de honestidad, decoro, eficiencia profesional e hidalguía en la dura lucha por sobrevivir a los rigores económicos pero tambien a los perversos designios dictatoriales de aquellas epocas, decadas del '40 y '50, que a nosotros -El Diario- nos costaron catorce clausuras y una expropiacion».
Sobre su capacidad de trabajo escribe Ricardo Pueyrredon: «este pionero nato, un día se arremangó y salió a conquistar el país. Su natural entusiasmo le permitió convertir en realidad su sueño. Un día me dijo: “No paro hasta tener mi propio boletin mensual”.
Carlos Liebermann, director de El Heraldo de Concordia y ex presidente de ADEPA, lo recuerda así: «un padre generoso, pleno de bondad para los diarios provincianos, un guía permanente para seguir adelante».
Jose Matilla, del diario La Reforma de General Pico, La Pampa, y vicepresidente de ADEPA, coincide con Liebermann al afirmar que señaló tacticas y rumbos en un quehacer que tuvo rigurosa aquiescencia con el honor.
Luis Eduardo Remonda, editor responsable de La Voz del Interior de Cordoba, y Antonio Maciel, director de La voz del Pueblo de Tres Arroyos, agregan su testimonio sobre las virtudes de don Jorge, a quien reconocen como, una persona noble, cuya conducta es un ejemplo de vida.
Guillermo Ignacio, director de Ecos Diarios de Necochea, presidente de ADEPA, pone el acento, en cambio, en su condición de visionario.
Leyendo esta obra, se podrá comprender el teson de quienes escriben los diarios del interior, y de quien, en cuerpo y en espiritu, estuvo tan cerca de ellos.

(EL TIEMPO, Azul, 14 de mayo de 2000)

 

INTRODUCCION A LAS ARTES GRAFICAS. La producción gráfica en publicidad, periodismo y diseño gráfico, por Hugo Máximo Santarsiero. Buenos Aires, Ediciones Macchi, 179 páginas.

Hugo Maximo Santarsiero egresó de la Escuela Nacional de Artes Gráficas con el titulo de Diseñador Gráfico; ¢ursó tambien la Licenciatura en Publicidad en la
Facultad de Ciencias de la Educación y de la Comunicación Social de la Universidad del Salvador. En la actualidad se desempeña como profesor titular asociado en dicha universidad y dicta cursos en diversas instituciones. Como se podrá observar, tiene una vasta experiencia en el tema, ya sea como estudiante o como docente; las dificultades que se presentan, dia a dia, en el estudio de su especialidad le hicieron pensar en la publicacion de este volumen.
El autor nos dice en el Prólogo que ha tratado de sintetizar los instrumentos y la tecnologia de que dispone actualmente la Publicidad con el objeto de que quienes se manejan en este area sepan cuáles son las reales posibilidades. El propósito no es enseñar el funcionamiento de los equipos -tarea por demas dificil en la teoria-, sino detallar el aporte que los mismos pueden brindar. Santarsiero advierte a sus lectores que este es sólo un primer paso, que los informará, pero el conocimiento que deben tener se logrará sólo al cabo de mucho tiempo de paciente labor.
La obra se divide en siete capitulos. En el primero de ellos el autor deslinda las tareas y responsabilidades de cada uno de los integrantes de una agencia publicitaria. Los diseñadores gráficos producen arte; es una profesión que tiene por finalidad "la venta de productos y servicios a través de medios gráficos (diarios, revistas, folletos, afiches, libros, etc)". A continuacion se ocupa de las tareas del diagramador, el bocetista creativo, los armadores e ilustradores. Explica tambien cómo se realiza un original, entendiendose por este "aquel montaje matriz a partir del cual se obtendran, a traves de un procedimiento manual o fotográfico, las planchas para imprimir". Estos originales estan formados por diversos elementos, que variaran segun la calidad y el sistema de impresion elegido; entre ellos mencionamos los textos, las ilustraciones, el dibujo pluma o lineal, el dibujo ilustrado a la aguada, las fotografías, etc.
El sistema tipografico es estudiado por el autor desde la epoca en que los chinos, unos mil años antes de Cristo, realizaban la impresion tabelaria. Esta consistia en el tallado en relieve de un taco de
madera blanda, que luego de entintado se presionaba sabre papel, pergamino o tela. Se sabe que utilizaban tambien la xilografia. Los primeros en emplear la xilografia en Europa fueron los fabricantes de naipes; su uso luego se extendió a las obras religiosas. A fines del siglo XIV nace Gutenberg, quien se atribuye de buena fe la invencion de los caracteres móviles, pues ignoraba que los coreanos ya los utilizaban mil años antes.
En "El Sistema Offset", el autor nos informa que el antecedente artístico histórico de este sistema es la litografia, procedimiento descubierto por Aluisius Senefelder, quien ideó un sistema de impresion utilizando piedra calcárea. La impresión litográfica comenzó a utilizarse en Viena a comienzos del siglo XIX; el metodo Offset, en cambio, data de 1920. Santarsiero explica como se prepara un diario o revista mediante este procedimiento, indicando las etapas que lo conforman y haciendo las aclaraciones necesarias.
El huecograbado es una invención atribuida a Tomas Finiguerra, en el siglo XV; lo encontramos en una obra publicada por Nicolas de Lorenzo en Florencia en 1477. El grabado al buril, el aguafuerte, el aguatinta y la mezzotinta son procedimientos artesanales que sirvieron de punto de partida para la utilizacion de procedimientos industriales fotomecanicos o electrónicos.
Tambien el papel es considerado por el autor. En el septimo capítulo nos dice que sus orígenes se remontan al Antiguo Egipto, alrededor del 2000 A.C. En el siglo I, los chinos idearon un metodo que consistia en la maceración de sustancias que contuviesen fibras celulósicas; esta invención fue mantenida en secreto durante 700 años. En el 704 de nuestra era, los arabes introducen la fabricación del papel en Occidente; un siglo despues los moros llevan esta técnica a España.
Estos temas y muchos otros de indudable interés son encarados por el docente en su libro. El lenguaje llano y la claridad con que expone sus conocimientos son sumamente accesibles a quienes se inician en el estudio de esta disciplina y al publico en general.
Completan la obra numerosos graficos, las fotografias tomadas por Hector Gimeno y la bibliografia que permitirá ahondar en las diferentes técnicas.

(LA NUEVA PROVINCIA, Bahía Blanca, 5 de marzo de 1987)

 

LA VIDA PRIVADA DE LA PUBLICIDAD, por Alberto Borrini. Buenos Aires, Editorial Atlántida, 1989. 430 páginas.

El material reunido en este libro fue publicado entre los años 1986 y 1989 en el diario del cual el autor es columnista; así, pese a la adaptación de la página periodística a su nueva forma -el libro-, el resultado –según lo afirma el propio Borrini- delata ostensiblemente el estilo original; ello puede ser una virtud en una obra como la que comentamos, que se propone entretener y divulgar.
Para la redacción de los artículos, el autor se valió de referencias extraidas fuera del círculo de la publicidad, tratando de asociar los avisos estudiados con ejemplos de otras disciplinas que le venían a la mente, producto de viejas y nuevas lecturas o experiencias. Partiendo de la concepción de que el territorio de la publicidad limita con el mundo de la creación, la belleza y la tecnología, puede evocársela desde las más distintas áreas del conocimiento y el arte. Eso es lo que hace aquí el especialista.
La indudable formación en el campo de la publicidad y la vasta trayectoria de Borrini sustentan las páginas que nos ocupan, pero no quedan encerradas en sí mismas, como un texto destinado sólo a quienes se desempeñan en el área. El interés que despiertan en el lector hace que se vuelvan de lectura amena para el público que desea conocer algo de ese ámbito al que se asocia con la psicología y las motivaciones más profundas de cada ser humano.
A lo largo de este libro se podrá tener información acerca de las intimidades de la creatividad, la imagen de la empresa, la militancia política y la rebelión de las solicitadas, entre otros muchos temas. Si la erudición del autor es asombrosa, no lo es menos la gracia con que trata cada uno de los aspectos analizados, haciendo de su obra un medio eficaz y placentero de acceder a un mundo que nos tiene como receptores.

(LA PRENSA, 4 de noviembre de 1990)